Tenía pendiente este post, y lo he rescatado a raíz de los comentarios de mi anterior entrada, como el de Asier Marqués, o el de Inma Castellanos, que invitan a escribir sobre el tema.

Titulaba una parte de mi ponencia del Congreso de Webmasters como “La dura vida del emprendedor”.

El emprendedor vive una incomprensión total. No le entienden:

-ni las propias instituciones que supuestamente le apoyan, como comentaba en otro post.

-ni su familia

-ni los amigos.

¿Por qué?

El emprendedor, sobre todo cuando está empezando, no hace una vida nada “normal”. Trabaja desde casa, se acuesta a horas intempestivas, y lo más importante para su incompresión: nadie entiende lo que hace (en el caso que más conozco de emprendedores de proyectos de internet). No tiene un trabajo normal. No se va todos los días a hacer algo que todo el mundo sabe qué es.

Incluso cuando ponga su empresa en marcha y tenga una oficina y un horario, se le seguirá sin entender.

Para más inri, al emprendedor se le ve como un iluso, un “flipao” que piensa que le va a salir bien su “chiringuito”. Es fácil que cualquier emprendedor, al contar con toda su ilusión lo que quiere hacer, haya oído frases burlándose de él como “cuando seas rico, me llamas”.

Y no sólo eso, sino que si además le sale bien, se pensará, como también apuntaba Asier que, sin más, ha tenido suerte. Nada de trabajo continuo, de esfuerzo y sacrificio. Pura suerte. Y es que el buen emprendedor puede tener suerte, pero la suerte te tiene que pillar trabajando (como dice una vieja frase que me recordó hace poco uno de los emprendedores más exitosos de España).

No estamos acostumbrados a esto en nuestro país. Estamos en una sociedad en que triunfa la mentalidad del funcionario, en que todo el mundo quiere trabajar para la Administración Pública. Lo decía un estudio de la Fundación BBVA entre universitarios españoles: el 40% quieren trabajar en el sector público y sólo el 12% quieren trabajar por su cuenta.

Y no sé cuál sería el porcentaje en una Facultad de Empresariales… Debería ser el 100% de “trabajar por su cuenta”… Pero por mi experiencia, me temo que incluso en el lugar de estudio por excelencia del emprendedor, la gran mayoría opta por el funcionariado.

¿Por qué ocurre esto?

-En general en la Administración se gana más. Es una injusticia para el sector privado. Una pequeña empresa no puede competir con los sueldos que paga el sector público -y que pagamos todos-, a igual puesto. En segundo lugar, es indudable la seguridad de un puesto público, desde luego. Y por último, -por favor, que me perdone quien siendo funcionario lea esto-, se trabaja menos. Como en todas las empresas, habrá gente que trabaje duro y otros que no hagan nada, claro… Pero la media es menor que en la empresa privada -creo que no lo duda nadie.

Oí lo siguiente precisamente en la universidad -os lo juro-: “Quiero ser funcionario para no hacer nada”. En fin, una persona lo dijo y creo que es exagerado, pero es una muestra de lo que se piensa.

Permitidme la siguiente frase -siempre con perdón por adelantado para quien se pueda sentir ofendido-: Los funcionarios, por la mañana van a la oficina y, por la tarde, tampoco trabajan :-P

-No se quiere emprender tampoco porque realmente no se cree en ello. Pocos piensan que de un pequeño proyecto salga una empresa que vaya creciendo y se convierta en algo grande, que permita a sus fundadores vivir muy bien y desahogadamente. Y hay mucho miedo al fracaso. Bastante dura es la vida del emprendedor como para pensar en enfrentarse a que le señalen por la calle como “el que se la pegó”.

-Falta cultura emprendedora en general. Falta “el sueño americano”. En EEUU está muy bien pensar en “forrarse”, y por eso millones de emprendedores luchan por sus ideas, sus proyectos. En España está incluso mal visto. La cultura del “pelotazo” no “mola”…. Quizá no haya que hablar de “forrarse”, sino de conseguir la “independencia financiera” -que es el término que utiliza Aitor Zárate en su libro y que en realidad veo como un eufemismo-, pero un emprendedor tiene que tener la ilusión de hacer algo que le gusta y ganar mucho dinero para tener la convicción de trabajar duro por ello.

Porque… no nos engañemos: ser emprendedor es duro, y hay que trabajar mucho. Pero coger este camino tiene indudables ventajas… triunfes o no. Si triunfas, habrás aprendido y además habrás podido conseguir la “indepencia financiera”. Si no triunfas, al menos habrás aprendido para la próxima. Por que hay que seguir intentándolo.

Decía el Barón de Coubertin que “lo importante es participar“. Aquí lo importante es intentarlo ;-)

¡Suerte a todos los emprendedores!