No hay huevos de echar a un indefinido

firedpostitHace tiempo que es demasiado habitual leer en la prensa noticias de empresas que despiden a una barbaridad de trabajadores. Cuando un gestor tiene que tomar la triste y grave decisión de echar a cierto número de personas, se encuentra en la difícil situación de tener que elegir. En una empresa pequeña, el gestor conoce a todo el mundo por su nombre y sabe si es bueno o no. En una empresa grande, cada trabajador es un número: no importan sus cualidades personales, y pocas veces su rendimiento. Es cuando se decide la “lista negra” por otros “filtros”: los trabajadores temporales a la calle, y los indefinidos (fijos), se quedan. 

Con el fin de documentarme para este post (ya parezco un periodista profesional…), el otro día hablé con dos amigos que saben mucho del tema y que tienen perfiles muy distintos. Uno acaba de entrar como gerente de una empresa industrial de unos 100 trabajadores, y se ha encontrado con la papeleta de tener que echar a gente ya. Otro, izquierdista y sindicalista nato, trabaja en una cadena de montaje y puede encontrarse pronto con una papeleta aún mayor: la de verse él mismo en la calle. 

Les pregunté si en algunos casos concretos no sería mejor para la empresa quedarse con una persona que, aunque está con contrato temporal, es un crack (lista, trabajadora, con ideas y ganas), y echar, en su lugar, a alguna mediocre o mala (que las hay), aunque esté indefinida y su despido tenga mayor coste. A largo plazo la opción de quedarse con el crack sería lo más rentable, les dije.

inemCuriosamente los dos estaban muy de acuerdo. Las empresas no suelen mirar uno a uno a los trabajadores para saber a quién mandar a la cola del INEM. Sólo miran el coste del despido. Es decir, que un trabajador temporal que lleva meses currando más que nadie, produciendo por tres, y más motivado que cinco, será despedido sin miramientos porque saldrá mucho más barato echarle. Una injusticia, vamos. 

Y tanto el gerente como el sindicalista coincidieron también en la siguiente frase: “No hay huevos de echar a un indefinido”. Me decían que despedir a un fijo tiene un mayor coste “social”. Casi parece normal no renovar un contrato -y esa “no renovación” no se ve como un despido-, pero echar a un indefinido ya sí es “echar”. Si no renuevas X contratos, no sales en la prensa. Si echas a X, quizá sí. 

E incluso a la hora de negociar una reducción de plantilla con los sindicatos, me decían que es “muy fácil” hoy en día pactar la no renovación de todos los temporales, mientras se mantengan los fijos. Y así todavía hay menos huevos de echar a indefinidos. 

El gerente y el trabajador sindicalista coincidían conmigo en las graves injusticias que se pueden dar al no pensar en la valía de cada trabajador en lugar de en la modalidad de su contrato, pero es lo que está ocurriendo. Así, un trabajador “malo” se puede salvar en lugar de uno “bueno”, y la empresa puede estar hipotecando su competitividad y su futuro si se queda con trabajadores menos productivos. 

Con empresas aún menos competitivas, mal va a salir el país de la crisis. ¡Manda huevos!