Sí a las cenas y cestas de Navidad
Ahora, en plena crisis, está de moda tomar medidas de reducción de costes. Parece que un directivo está obligado a buscar dónde “rascar” gastos para justificar su sueldo.
Y está bien, sobre todo cuando las cosas se ponen feas, revisar por dónde se está yendo el dinero de la empresa innecesariamente. Por ejemplo, el otro día me decía una amiga que les han quitado las impresoras -que tenían cada dos o tres puestos- y ahora hay una general donde se “mira” un poco lo que sale. Una medida bastante razonable.
Lo que no me gusta es eliminar de un plumazo las cenas y cestas de Navidad. Yo siempre he sido partidario de las cestas. Nunca me han dado ninguna porque, para bien o para mal, no he trabajado nunca por cuenta ajena, pero creo que al trabajador le gustan y percibe mucho valor. He visto a la gente muy agradecida y contenta. Sin ir más lejos, ayer me crucé por la calle con un chico que llevaba una cesta en la mano y tenía una “curiosa” sonrisa en la cara. Y es que estoy seguro de que el valor percibido de la cesta es mayor que el coste de comprarla. En términos económicos, creo que las cestas son rentables para la empresa.
En cuanto a las cenas de Navidad, quitarlas me parece aún peor. Estoy leyendo últimamente que muchísimas empresas las han cortado, porque se ahorraban “X millones de euros a nivel mundial”. Es cierto: quitarlas supone un ahorro. Pero ¿cuánto cuesta el descontento de un empleado? Una cena -navideña o no- es importante para el “buen rollo” de la gente en una empresa, y que el equipo esté contento y motivado supondrá que es más rentable. La menor productividad de un empleado poco motivado es difícil de cuantificar, pero el ahorro de quitar una cena o una cesta es muy fácil, ¿no? Por eso se toman este tipo de decisiones -en mi opinión, desacertadas.
La satisfacción de una persona en su trabajo es el resultado de un complicado algoritmo (muy variable según el empleado) cuyos factores son conocidos: sueldo, ambiente de trabajo, posibilidades de promoción, flexibilidad, etc. Las cenas y cestas suponen un coste pequeño -en proporción- para cualquier empresa, y es imposible saber en qué medida su supresión puede afectar al rendimiento de los empleados, es decir, a su rentabilidad. Eso sí: al quitarlas, su satisfacción disminuye en cierta medida, seguro.
Habrá opiniones y experiencias para todos los gustos, pero yo apuesto por las cenas y cestas de Navidad. Su rentabilidad no se ve en los números, pero yo creo en ellas.
Tú, ¿cómo lo ves?
P.D: Aprovecho para desearte Felices Fiestas
